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Posteado en Fondo Del Cajón sobre Junio 30, 2007 por MakiLe gustaba jugar a imaginar. Podía pasar horas observando el mundo, apuntando cada detalle y sonriendo en soledad. Después llegaba a casa y cerraba fuerte los ojos, reconstruyendo una historia falsa que hiciera latir su corazón.
Una vez me contó, recuerdo, como una noche soñó con una voz extraña y una imagen que veía cada tarde pasear. Resultaba tan familiar escucharle inventar que sus mentiras se convertían un segundo despues en trozos de realidad, una historia mas escrita en la palma de su mano.
A veces precisaba de una inyección de vida, se acercaba pensativo a una vieja colección de melodías olvidadas y se perdía en el tiempo mientras escuchaba y volvía a recordar. Se sentia libre, despojado de convicciones y limites que marcaran su caminar. Dibujaba mentalmente rutas siniestras para aventureros valientes, siempre con final triste solo para poder reir entre dientes y susurrar al viento alguna frase de humor negro.
Parecía escuchar cuando solo te miraba, intimidaba tu alma con dos segundos frente a frente y cambiaba el rumbo con un golpe al freno de mano, enfrentando el color de la luna y el olor del mar. Un loco predestinado a perderse en cualquier barra de bar, dejando cada noche al tiempo pasando sin mirar mientras acariciaba el filo de la madrugada, apretando fuerte los ojos y dejandose llevar.
Su mente recogia pequeños espacios en blanco que le obligaban a olvidar, a olvidarse de recordar y de como era el sonido mudo de una sonrisa. Sumergido entre historias con olor a papel de foto intentaba enlazar incompresibles y perdidos bocados de realidad con una mezcla extraña de barro y mortero e inventaba cada noche escuchando el rumor del mar el perfil de un loco atrapado por la soledad.
Un colección infinita de rostros en blanco y almas ruidosas.


